Una cinta que entretiene la primera hora, pero que pierde todo el sentido durante su final; además de que es inevitable notar su falta de corazón, respecto a la versión anterior.
Por: Víctor I. Castro | @Chikoelektriko
La nueva versión de Space Jam llegó a cines y lo hace de forma irregular, debido, principalmente a su falta de corazón.
Tenemos una historia que nos presenta al nuevo basquetbolista en acción, LeBron James que unirá fuerzas con los Looney Tunes para vencer al enemigo, encarnado virtualmente por Don Cheadle, y así salvar a su hijo.
Es innegable que los efectos visuales lucen de maravilla y que son sin duda ideales para captar la atención de los más pequeños con todo este trasfondo de luces, videojuegos, neón, etc., que forma parte del imaginario virtual de las nuevas generaciones; sin embargo, hasta los Tunes son convertidos al 3D en una especie extraña de auto parodia, en la que ellos mismos se sienten mal por estar así.
El villano de la cinta pues luce de la forma más caricaturesca posible, ni siquiera sé qué tanto se le puede exigir, lo que sí, es que es irritable. Y sobre personajes irritables, el propio LeBron James luce sin gracia ni carisma en la película. De hecho, prácticamente es el verdadero villano de la película. Cliché: Un padre que no entiende a su hijo y que quiere que se dedique a lo mismo que él; comprendiendo al final, tras una travesía con los Tunes, que lo importante es que su hijo sea él mismo y tenga el apoyo de sus padres para su propio desarrollo.
Eso sí, no se niega que tiene momentos entretenidos y que los Tunes son, obviamente, lo mejor de la película, a pesar de no llegar a ser lo cómicos que suelen ser. Bugs Bunny, el mejor como siempre.
«Space Jam 2» es, sí, un intento de comercial para HBO que carece de corazón en su historia, carisma en su reparto y que solo algunos momentos del partido de baloncesto, activando el botón de la nostalgia, nos brindan algo entretenido.
El autor es Lic. Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Baja California. Periodista cinematográfico, profesor, cinéfilo; aficionado a los mapas y al análisis político.
