La segunda temporada cambia a muchos personaje, desaprovecha a algunos nuevos, pero plantea nuevas historias, manteniendo la calidad y la propuesta de esta serie mexicana sobre corrupción y poder.
Por: Víctor I. Castro | @chikoelektriko
La primera temporada de Monarca nos presentó una historia algo común, de la corrupción, la clase alta, el poder, las intrigas familiares, todo en un tono diferente a lo que han mostrado telenovelas o series (de narcos principalmente). Aunque no causó furor, logró hacerse de una segunda temporada y qué temporada.
La historia nos sitúa justo después del asesinato de Agustín Carranza, en medio de unas campañas electorales entre una candidata independiente y un político quasi priísta (típico mexicano pues), y con los hermanos Carranza en disputa por la empresa. A inicios de la temporada, la presidencia cae en manos de Andrés. Y es algo interesante como juegan (o jugarán), con la forma de presidir la compañía de cada uno de los hermanos.
En cuanto al desarrollo de los personajes, Ana María tiene algunos cambios bastantes marcados respecto a la primera temporada, pierde protagonismo, eso es cierto, pero sus acciones distan de ser la persona tan recta que buscaba ser. Sin duda el que merece todos los aplausos es Joaquín, me fascinó la forma en la que fue escrito en esta temporada. Vimos algunos ligeros momentos de humanidad, casi de redención, para rematar con una jugada villanesca tremenda. Por parte de Andrés, también lo vi con un mayor crecimiento, más madurez, una combinación de no ser tan vil como Joaquín, ni tan «santo» como Ana María. Tremendos los dos.
Lamentablemente el personaje que me decepcionó por completo fue el de la prima, Sofía. Con el cast de Fernanda Castillo, quien realiza un gran trabajo, en la medida de lo que el guion le permite, creí que la aprovecharían al máximo, sin embargo, parece ser que en esta temporada fue solamente para una presentación ante el público. Algunos episodios incluso se pierde y ni se extraña, porque el drama entre los hermanos está buenísimo.
Y esa es una falla que veo, en el montaje, de momentos muchas cosas avanzan rápido o personajes cambian de lugar constantemente para regresar a donde estaban en otra escena. Otra cosa que no molesta, pero a veces si cansa un poco, es la gran cantidad de subtramas que meten, de distintos personajes. Algunos funcionan bien y logran tener bastante autonomía; otros, son regulares y retrasan el ritmo de la historia principal.
«Monarca» se mantiene de pie, con una temporada que por momentos se siente superior a su antecesora, pero que en ocasiones pierde el tiempo en subtramas innecesarias o clichés. Pese a que algunos personajes lograron una grandiosa evolución, algunos personajes nuevos no fueron aprovechados del todo.
El autor es Lic. Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Baja California. Profesor, amante del cine, las series y la música. Aficionado a los mapas y al análisis político.
